En Westminster se recoge esta inscrpción:

“Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo, así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar solo mi país. Pero con el tiempo me pareció también imposible. Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí. Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y -quien sabe- tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo”.

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Psicopedagogía

¿Quién no recuerda un buen profesor?

¿Qué hace que alguien sea buen profesor?

Aquí dejo un enlace interesante…

como-ser-un-buen-profesor-la-prueba-del-algodon

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Películas sobre educación

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Aprender a educar (blog de Joaquina Fernández)

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Cierto día, una profesora pidió a sus alumnos que pusieran los nombres de sus compañeros de clase en una hoja de papel, dejando un espacio entre nombre y nombre.
Después les pidió que pensaran en la cosa más valiosa que pudieran decir de cada uno de sus compañeros, y que lo escribieran debajo de su nombre. Empleó el resto de la clase para la tarea encomendada. A medida que los alumnos dejaban el aula, entregaban a la maestra la hoja de papel.
Durante el fin de semana la profesora escribió el nombre de cada uno de sus alumnos en hojas separadas de papel y copió en ella todas las cosas valiosas que cada uno de sus compañeros había escrito acerca de él.
 
El lunes entregó a cada alumno su lista. Casi inmediatamente toda la clase estaba sonriendo. «¿Es verdad?», ella escuchó a alguien diciendo casi como en un susurro. «Yo nunca supe que podía significar algo para alguien», y «Yo no sabía que mis compañeros me querían tanto» eran los comentarios.
Nadie volvió a mencionar aquellos papeles en clase. La profesora nunca supo si comentaron su contenido con alguno de sus compañeros o con sus padres, pero eso no era lo importante. El ejercicio había cumplido su propósito. Los alumnos estuvieron felices consigo mismos y con sus compañeros.
Aquel grupo de alumnos siguió adelante y progresó. Varios años más tarde, uno de los estudiantes murió en Vietnam, y la profesora asistió a su funeral. No había visto antes a un soldado en su ataúd militar. Su cuerpo inerte era hermoso y recio, de hombre.  Sus amigos llenaban la iglesia. Uno a uno, aquellos que tanto lo apreciaban caminaron silenciosamente para despedirle.
La profesora fue la última en acercarse al ataúd. Mientras estaba allí, uno de los soldados que actuaba como guardia de honor se acercó a ella y le preguntó: «¿Era usted la profesora de matemáticas de Marcos?». Ella balbució: «Sí». Entonces él dijo: «Marcos hablaba mucho acerca de usted».
Después del funeral, la mayoría de los ex compañeros de Marcos fueron juntos a una merienda. Allí estaban también los padres de Marcos, obviamente deseando hablar con su profesora. «Queríamos mostrarle algo», dijo el padre, sacando del bolsillo una billetera. «Lo encontraron en la ropa de Marcos cuando murió. Pensamos que tal vez usted lo reconocería.» Abriendo la billetera, sacó cuidadosamente dos pedazos de papel gastados y arreglados con cinta, y que se veía que había sido abierto y cerrado muchas veces. La profesora supo al primer vistazo que se trataba de  la hoja en la que ella había registrado todas las cosas valiosas que los compañeros de Marcos habían escrito acerca de él.
«Gracias por haber hecho esto» dijo la madre de Marcos. «Como puede ver, Marcos lo guardaba como un tesoro». Todos los ex compañeros de Marcos comenzaron a juntarse alrededor. Carlos sonrió y dijo tímidamente: «Yo todavía tengo mi lista. La tengo en el cajón de mi escritorio». La esposa de Felipe dijo: «Felipe me pidió que pusiera el suyo en el álbum de casamiento». Marilyn dijo: «Yo tengo el mío también. Está en mi diario». Entonces Victoria, otra de sus compañeras, metió la mano en su cartera y sacó una billetera. Mostró al grupo su gastada y arrugada lista. «Yo la llevo conmigo todo el tiempo. Y creo que todos hemos conservado nuestras listas». En ese momento, la profesora se sentó y lloró. Lloró por Marcos y por todos sus compañeros, que no lo volverían a ver.
Ejercicio dirigido a formadores, maestros, jefes, etc.
Os propongo que realicéis este trabajo primero con todos los amigos que tengáis. Dadles una nota con todas las cosas valiosas que posean. No les deis explicaciones. Simplemente entregadles la nota.
Si lo preferís, enviadlo por internet. Lo importante es que todas esas personas conozcan los maravillosos dones que vosotros habéis percibido en ellos y que hasta ahora no habéis expresado. Decidlos todos. No dejéis en vuestro tintero ninguna hermosa cualidad que veáis en el otro.
Cuando lo hayáis hecho con los amigos, aprovechad el ejercicio para vuestro trabajo. Para las aulas de formación. Para vuestras escuelas. Enseñad a vuestros alumnos a expresar a sus compañeros lo bueno que ven en ellos. Esperad a que esté avanzado el curso; entre tanto, hacedlo con vuestros amigos.
Preparad y buscad el momento más apropiado para que el ejercicio sea inolvidable.

 

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